lunes, 24 de noviembre de 2014

CONCLUSIÓN
“La función y el reto para la educación básica sus docentes y escuela para garantizar la equidad y la inclusión “

La educación hoy en día esta contribuyendo  a superar las desigualdades y  reducir la brecha social, por lo que  se realizan esfuerzos para que realmente se convierta en un motor de mayor equidad social. El movimiento de la inclusión ha surgido con fuerza en los últimos años para hacer frente a los altos índices de exclusión y discriminación y a las desigualdades educativas presentes en la mayoría de los sistemas educativos del mundo.

El ofrecer una educación inclusiva a los alumnos ya  que es un avance y una trasformación radical en las prácticas educativas a lo largo de todo el sistema educativo. Pero esta misma experiencia ha puesto de manifiesto diversos planteamientos, normativas, organizaciones, servicios y prácticas cuya mejora se hace evidente, como denuncian reiterada y conjuntamente padres y profesionales.

Es preciso clarificar y profundizar una concepción más uniforme, completa que comprenda la totalidad de las necesidades educativas especiales y la globalidad de cada una de ellas, a fin de conseguir que esta visión se generalice en toda la comunidad educativa y, en último término, en toda la sociedad. Sólo desde una concepción más humana y pedagógica de los alumnos con n.e.e. pueden generarse las actitudes que permitan alcanzar el objetivo de una educación de calidad, equitativa y para “todos y cada uno”.

 Es necesario alcanzar una escuela realmente inclusiva, basada en el modelo curricular y que asegure la convivencia, la colaboración y la participación de todos.  Esta educación debe garantizarse a lo largo de todo el sistema educativo como parte de los derechos fundamentales que tiene toda persona, también los alumnos con n.e.e. graves y permanentes (Convención de la ONU, 2006).

 La educación inclusiva debe impregnar y orientar la organización, la planificación educativa, la distribución de los recursos y el diseño de las prácticas pedagógicas, aprovechando la autonomía de los centros educativos, desde los Proyectos Educativos Generales hasta los Proyectos Educativos Individualizados.
Es preciso organizar una estructura de servicios personales y materiales suficiente que asegure la prestación de los apoyos especiales que estos alumnos precisan para su completo desarrollo. En este sentido, hay que determinar los perfiles profesionales y adecuarlos a las necesidades reales de los alumnos. Pero el éxito educativo de los alumnos con n.e.e. no será posible sin la implicación de toda la comunidad educativa: órganos directivos, tutores, orientadores y principalmente de los propios alumnos y de sus familias.

Es necesario conseguir diagnósticos universales y con la periodicidad suficiente. Conviene insistir menos en las categorías diagnósticas de los alumnos y referirse más a los recursos precisos para conseguir la no discriminación, la igualdad de oportunidades y la accesibilidad universal. Las adaptaciones curriculares deben centrarse menos en la superación de los déficits individuales e intentar adaptar los contextos educativos.

Es urgente mejorar la calidad de los servicios ofertados en la escuela por los resultados académicos, a fin de superar la derivación de los alumnos con n.e.e. a la escolarización en el modelo específico (centros o aulas). La inclusión en la etapa de la educación secundaria y superior – donde conviene incidir de manera especial en la formación y en las actitudes del profesorado- continúa siendo un tema pendiente para los próximos años.

Los alumnos con n.e.e. graves y permanentes precisan una atención especial en su capacitación para adaptarse al medio y conseguir una vida independiente. La preparación para el mundo del trabajo, en la medida en que cada uno pueda alcanzarla, es una parte fundamental de su educación y realización personal. Los currículos de estas personas deberían contemplar fundamentalmente este enfoque funcional.

Más allá de los planteamientos pedagógicos, sociales, políticos,…la educación inclusiva desemboca en una cultura de la diversidad que impregna a toda la sociedad de los valores implícitos en las diferencias individuales, que todos cultivamos: la aceptación del otro, el respeto, el disfrute de las diferencias, la complementaridad de nuestras individualidades y la solidaridad






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